Avanzo cuando el semáforo
se pone en verde
miro hacia la izquierda e imagino
un carro perdiendo el control
impactando contra mí
en este momento
podría soportar la muerte
aunque me meara
y me cagara
podría soportar la muerte
y aunque no lo hiciera
aunque no lo alcanzara
esta
de igual forma llegaría.
domingo, 11 de mayo de 2014
viernes, 14 de marzo de 2014
Andrea
Estoy en clase y la compañera que tengo al frente, inicia una exposición.
Expone acerca de materiales aislantes. No presto atención, solo veo que el material sobre el que habla, se ve como algodón de azúcar, algodón de azúcar rosado, como la prenda que olvidaste en nuestra habitación, el último día del viaje.
Ese algodón de azúcar será encerrado entre láminas de yeso.
¿Para qué?
Ni siquiera las hormigas podrán entrar a comérselo.
Si la casa se incendiara, sería esa masa rosada la que primero recibiría el fuego. En silencio, sin decir una palabra, de pie.
Triste sería el destino de esta prenda, si continuara guardada en la gaveta donde tengo las medias y la ropa interior.
Para eso nos vamos a ver cuando termine esta clase. Te entregaré la prenda rosada, más de un año después.
La tomarás, me dirás algo con ese acento tuyo que contiene todos los acentos, sonreirás y te irás.
El último día del viaje, todo el mundo bailaba mientras hacías la maleta; y me pregunto,
¿Cuántas maletas has hecho? Yo tres nada más.
¿Cuántas antes de que te vayás?
Porque te irás, nena, tu espíritu abundante no podrá soportar el encierro de tu cuerpo.
Te irás rápido, como el algodón de azúcar que desaparece justo cuando entra en la boca.
Te irás recibiendo el primer fuego, por todos nosotros.
En silencio, sin decir una palabra. De pie.
domingo, 9 de marzo de 2014
Mudanza
Escribo esto desde la repisa donde ya no queda ningún libro y me pregunto si existe un tiempo preciso para esto, para la mudanza.
Hace un rato leía la dedicatoria de mi primer libro de poesía, poemario de una mexicana que escribe como si escribiera en Java. La dedicatoria dice que escriba más, pero que lea más. Cosas que ocho años después, sigo postergando.
2007, el año en que no supe más qué hacer con mi vida.
A mi lado están también, todos los libros que compré en un viaje. Un año en que hubo plata.
Pienso que fue bueno haberla gastado en libros.
Pienso que fue terrible haberla gastado en libros. La maleta pesa una putada.
Esa maleta es un bulto desteñido que lleva mi nombre, período de la infancia en que hice el intento por jugar fútbol.
Resultado: tres campeonatos en banca, un romance efímero de mi madre con el entrenador, mi primera confrontación con la frustración y la derrota.
Aún resuenan en mi cabeza los gritos del entrenador cuando frente a la portería, hice lo que mejor sé hacer: desviar la pelota hacia otro universo.
En la cama están las flautas que coleccioné durante un tiempo, el tiempo en que coleccionaba flautas; están mezcladas con infladores. ¿Y por qué no? Son cilíndricos al igual que las flautas.
La única diferencia es que unas quitan el aire, los otros lo devuelven.
Son delgadas las flautas, son delgados los infladores y son delgados los libros de poesía, como yo.
El año en que hubo plata.
Fue bueno haberla gastado en libros.
Fue terrible haberla gastado en libros. Todos son de arquitectura. Y yo, no soy arquitecto.
martes, 15 de enero de 2013
La isla
Nadie querría buscar al sol
en esta ciudad
Alguien preferiría
el cuerpo flácido
endurecido por el frío
estacionario
detenido en cero
Nadie querría buscarlo
en esta ciudad
el sol congela
Alguien preferiría
arrastrar el cuerpo
a lo largo del Sena
en donde existe un sol de agua
que pone a hervir
los pulmones de todo aquel
que ha arrastrado su cuerpo
hasta aquí
Cuánta energía
cuánta luz que resguarda
su fuerza vital
en las profundidades
del Sena
Alguien escogería este punto
en cero
el vacío eterno en el centro
de la eternidad numérica
un momento que no
avanza
ni retrocede
La fuerza vital
de la materia imperceptible
que se mueve por debajo
de todas las cosas
Nadie querría buscar al sol
en esta ciudad
pero si alguien lo hiciera
no lo encontraría
está hundido
en un río que hierve
pero de esto solo saben
los muertos que aún caminan.
en esta ciudad
Alguien preferiría
el cuerpo flácido
endurecido por el frío
estacionario
detenido en cero
Nadie querría buscarlo
en esta ciudad
el sol congela
Alguien preferiría
arrastrar el cuerpo
a lo largo del Sena
en donde existe un sol de agua
que pone a hervir
los pulmones de todo aquel
que ha arrastrado su cuerpo
hasta aquí
Cuánta energía
cuánta luz que resguarda
su fuerza vital
en las profundidades
del Sena
Alguien escogería este punto
en cero
el vacío eterno en el centro
de la eternidad numérica
un momento que no
avanza
ni retrocede
La fuerza vital
de la materia imperceptible
que se mueve por debajo
de todas las cosas
Nadie querría buscar al sol
en esta ciudad
pero si alguien lo hiciera
no lo encontraría
está hundido
en un río que hierve
pero de esto solo saben
los muertos que aún caminan.
miércoles, 5 de diciembre de 2012
11:11
La hora nunca es exacta
entre dos relojes
siempre hay tres minutos que se pierden
irreparablemente en el tiempo
en el cuarto de trabajo
frente a la computadora
los segundos perdidos flotan
se diluyen con el miedo que se agita dentro
y recubren
todo el perímetro de mi cabeza
si pudiera verme desde afuera
vería la luz estéril de tanatorio
que me ilumina
como el fluorescente que ilumina
el cuerpo inanimado
pienso
que el monitor y mis lentes son una misma cosa
una pantalla que mira hacia la vida
dos más pequeñas que miran hacia la muerte
y mi cuerpo es
un punto en contra luz donde colisiona
el universo histérico
el universo hecho polvo
el universo tuyo
que violentamente
se separa del mío.
entre dos relojes
siempre hay tres minutos que se pierden
irreparablemente en el tiempo
en el cuarto de trabajo
frente a la computadora
los segundos perdidos flotan
se diluyen con el miedo que se agita dentro
y recubren
todo el perímetro de mi cabeza
si pudiera verme desde afuera
vería la luz estéril de tanatorio
que me ilumina
como el fluorescente que ilumina
el cuerpo inanimado
pienso
que el monitor y mis lentes son una misma cosa
una pantalla que mira hacia la vida
dos más pequeñas que miran hacia la muerte
y mi cuerpo es
un punto en contra luz donde colisiona
el universo histérico
el universo hecho polvo
el universo tuyo
que violentamente
se separa del mío.
lunes, 21 de mayo de 2012
nota:
tenés el fuego más furioso
de la mañana
en la mano que no sabés usar bien
sacás el cigarro
por la ventana
y a 80 km/h ese punto incandescente
arde en silencio
en un tremendo silencio
hasta la punta de tus pies
7:45 a.m.
san josé es el strip
de una ciudad en ruinas
de la mañana
en la mano que no sabés usar bien
sacás el cigarro
por la ventana
y a 80 km/h ese punto incandescente
arde en silencio
en un tremendo silencio
hasta la punta de tus pies
7:45 a.m.
san josé es el strip
de una ciudad en ruinas
jueves, 29 de diciembre de 2011
Versalles, No. 46
Es el octavo día. Ha vuelto a despertar desorientado.
No es Escalante, es la habitación número 507 del hotel más barato de Colonia Juárez.
Anoche cerró las cortinas, no se percató de la ranura que volvía a formarse entre cortina izquierda y cortina derecha. Es el octavo día, y no es la primera vez que esta abertura deja transitar la luz entera del oriente, comprimida en un plano virtual inclinado.
La luz secciona la oscuridad, secciona la habitación en dos hemisferios: Hemisferio 40% , Hemisferio 60% .
A veces se gana, a veces se pierde, piensa, y se da la vuelta.
Una luz inclinada, torcida, como la catedral metropolitana de la ciudad de México.
La vida en dos posiciones, en un plano horizontal, otro inclinado.
Un cuerpo fragmentado por la navaja lumínica de la arbitrariedad.
Ha vuelto a despertar desorientado, con frío, con el rostro cubierto por la tela gélida de la cama, con la mano dentro del pantalón y el pene rígido, torcido, como la catedral metropolitana de la ciudad de México.
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